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Mostrando las entradas con la etiqueta Poema

Canción del Subte

Alli, donde la tierra los cubre y los fierros aturden con el estruendo veloz de los vagones que van lento, y arrollan el tiempo y saturan la voz, salen y gritan su canto a flor de piel con guitarra y pulmón los magos que habitan el túnel, cuya magia palabrera comprime el corazon. Vivir Buenos Aires es un canto desgarrando el alma y la voz, un tango crudo de noche y de dia cambalache al sol. Yo te quiero, Buenos Aires, con tu canto, tu pena y dolor. Sigue cantando, aullando injusticia, que ya el vagon avisa que llega a la estacion. Las sonrisas dibujadas a la fuerza, niñez en medio de desesperacion. Gritos sordos de gente invisible que no hay libro ni nota que les haga mención. Giran y giran, bochitas de colores, piden y gritan, personas con dolor, muestran y ofrecen, su sudor y su sangre, lo unico que queda si todo se quebró. Laburantes que viajan apurados, masas ciegas habituadas a ignorar al compañero que tienen al lado que agota la sesera busc...

La última

Nos vamos al sueño en un viaje risueño a beber de la noche la paz. Paisajes tranquilos y nubes coloridas te invitan a descansar. Despacio se cierran los ojos, ya todo se hace quietud. La luz se convierte en sombra, silencio se hace mi voz.

Bajos Instintos

Animal, hombre animal. Instinto de posesión oblicua y horizontal. En un descargo de la mente estalla en adrenalina el mundo por el instinto animal. ¿Qué fuerza, si no es el instinto, guía la mano del maestro a realizar la más excelsa de todas las obras? ¿Qué lógica explca el detenimiento del tiempo en una explosión instintiva de quietud y placer? Animal, fuerza animal. Feroz humanidad. ¿Cuantos hipócritas te niegan y por las noches caen presos por masturbarse el instinto? Animal, animal, sangre y sudor animal. Sucio y asqueroso animal, inexistente a la luz de una mirada, invisible a la luz de lo correcto, encerrado en su caja de Pandora llorando su verguenza, negando su existencia, esperando ver la luz de la noche. Animal, animal, triste y reprimido animal, cada día más salvaje, cada día más humano.

Treno para el Hombre Urbano

Despunta la aurora, ya es de mañana y cantan los pájaros su dulce tonada; y ya es de mañana. De pie y vestido se sienta al teléfono, vista a la pantalla, come su rutina amarga de actualidad. Llega el mediodía, ya es el descanso, y callan los pájaros su ausente tonada; y ya es mediodía. De pie y vestido mira la pantalla, la vista al teléfono, traga su rutina corrupta de realidad. Y cae la tarde, ya todo termina. Se esconden los pájaros, tonada prohibida. Y cae la tarde. Cansado y vestido mira la pantalla, observa las horas, siente las ausencias, vomita rutina cruda de soledad. Y explota la noche, lo que antes fue día, y mueren los pájaros en negra tonada. Y muere en la noche yaciendo desnudo. Llora la pantalla, se calla el teléfono, ya todo termina.  Y esperando el alba él sueña rutina teñida de libertad.

Un poema negro desesperado

Las noches sin fin ¿Qué hice mal? ¿Por qué? ¿Cuál es la guía? ¿Qué se hace para no sentir? ¿Que se hace para volver a sentir? I'd like to cry. I'd really like to. I dont know what to do. Alone. Lonelyness. Darkness. Falsas sonrisas contienen una mueca de espanto. Quiero olvidar un rato, pero los humanos nacemos enteros en ser y recuerdo. A veces lo olvido. Quiero rezar. ¿Rezar a qué? ¿A quién? ¿Qué necesita mi alma? ¿Por qué me siento tan mierda y a la vez tan seguro de lo que hago? Quizá la soberbia me consume por fin, como lo supe desde un principio. Me lo advirtieron varias veces incluso. Quizá sea el odio sin salir. Años. Casi una década sin salir. Será mi educación, quizá. El eterno árbol tapando el bosque. Ya no quiero vivir en una náusea. Pido a Dios, a todos los habidos y por haber, que me den la guía que necesito en las noches sin fin.

Zarmannd

Imagen
El colectivo pasa. Yo estoy en la parada esperando. Hace frío, el cielo está gris, y mis dedos se ponen duros. La gente va apurada, sin posar la vista. Me pregunto cuánto tardará, si llegaré temprano. Me lamento de no tener nada para comer mientras espero, por pura gula. Viene el colectivo. Al subir pago el boleto y me siento al fondo. Miro por la ventana. Una niña muy bonita me sonríe. Hace un movimiento con su mano que no alcanzo a comprender. El colectivo arranca, y todo se pone frío. Más frío. Me invade un presagio sin forma. Un escalofrío en el corazón. El aburrimiento me invade. No hay para leer. No hay para oír. No vale la pena ver. Caigo preso de una siesta. Tiempo pasa, queda varias cuadras atrás… Abro los ojos. Colectivo vacío. Ventanas blancas. La palabra “ Zarmannd ” escrita en la ventana empañada, desde afuera. Me invade la desesperación. Nausea y llanto se juntan en la garganta. Quiero salir, pero no hay por dónde. No hay a dónde. ...

Ser

¿Es demasiado suplicar un poco de cordura? ¿Es de verdad tan fácil tomar la senda del buen camino? ¿Es tan penoso el valor de llorar que optamos por ya no soñar? ¿Es tan difícil contemplar el sol? ¿Es tan sufrido no tener por qué? ¿Es tan vacía una vida sin Dios? ¿Es tan profundo el mar sin sensación? ¿Es tan meloso ese sabor de amar? ¿Es tan amargo el odiar a quién? ¿Es tan preciso aquel suspirar? ¿Es tan confuso el saber qué hacer? ¿Seré mas feliz cuando ovide el preguntar cómo hacer para cambiar al ser?

El Veneno

Soñé que la sociedad era el veneno, y el alcohol el antídoto. Luego desperté y morí.

Cuatro paredes ajenas

Cuatro paredes ajenas, viento que sacudía mis cabellos, música que sacudía mi cabeza abarrotada. Faros nocturnos de soledad urbana. Todo duerme, ellos también duermen, sólo yo y mi espacio ajeno estamos vivos. Vivos en cada paso, cada aliento, cada sombra, cada línea de la figuración infinita limitada por estas cuatro paredes infinitas... Rojo sobre rojo, blanco sobre blanco, nota sobre nota, ladrillo sobre ladrillo, ciudad sobre ciudad, noche sobre noche, nada sobre nada, y todo sobre todo. Estallo, me reconstruyo y vuelvo a estallar. Ya no existo, lo etéreo existe conmigo en ese universo soñado plasmado de vida desaparecida dentro de una copa. Me rindo al universo, sus realidades y su música. Llévenme, llévenme... Pues ya no quiero volver...

Momentum

Es complicado definir las imperfecciones humanas. Ya sea el miedo, la ignorancia, la incomprensión, la inhibición, el cotidiano arte de que hacer que el mundo se nos resbale junto con el tiempo entre los dedos, todas hacen un caldo de cultivo que nos infecta y nos enferma y nos vuelve estériles. No nos permite disfrutar el aire que respiramos, ni los pasos que andamos al tomar el colectivo entre Corrientes y Maipú, ni aunque sea el más superfluo gran placer de la vida, como comer, o pensar, o hacer el amor. Todo fluye en un torrente infinito de tiempo ahorrado y perdido, una inversión acabada en bancarrota universal. Y tal vez la imperfección más grande es saber esto y no poder remediarlo, no poseer el básico instinto humano de superar su medio, el usar la llave que abre la propia celda. Nadie queda exento de imperfecciones, ni puede jactarse de serlo (aunque sería bienvenido). El ser humano ha aceptado tanto sus imperfecciones, se ha colocado en un puesto de tal inferioridad ...

Bien de Ojo

Esa sensación incómodamente amena de que alguien piense en vos o mencione tu nombre, esa sensación de que no se está solo ni de día ni de noche, esa sensación de que nos aman y de que procuramos mantener abierto el corazón, esa sensación de recuerdo ajeno y de suspiro desvanecido en una tarde de septiembre, esa sensación que nos emociona, que nos enriquece, que nos nutre y nos hace crecer con raíces sólidas en un presente perfecto para un pretérito futuro, esa misma  sensación, ahora, es lo que inspira estas lineas, un viernes cualquiera, en el vaho fresco de San Telmo.

Tiempo invertido

¿De qué sirve el tiempo si se escapa a la nada? ¿De qué sirve el espacio si uno no cabe en sí mismo? ¿De qué sirve el cielo si uno desea la tierra? ¿De qué sirve el pecado si existimos como carne? ¿De que sirve el Infierno si vivimos el Edén? ¿De qué sirve la mesa si no hay pan que agradecer? ¿De qué sirven las lágrimas si no hay por que llorar? ¿De qué sirve el aliento si no hay fuerza para vivir? ¿De qué sirven las miradas, si se quiere soñar despierto? ¿De que sirven las piernas si uno no puede mantenerse en pie? ¿De qué sirve la distancia si eso siempre estuvo cerca? ¿De qué sirven las manos cuando no se puede tocar? ¿De que sirven las horas si se dejan de contar? ¿De qué sirve la vida si ya se acabó? ¿De que sirve la muerte si todo va empezar?

Retorno

La plaza gotea luz, cuna desierta y avenida repleta. Marcha pesarosa entre escombros de tiempo. Destellos rojos inundan, danzan, contorsionan febrilmente. Recuerdos azotan desde tiempos dorados sufridos por ser pasado. Línea oblicua. Se recorre. Cada paso es hacia adelante, cada metro un recuerdo. Destellos mueren  entre el verde residual. Las manos irrumpen en el cielo, obsenamente, y no sé si lo quiere. Gigantes dormidos, no resisten las agujas. Obras de maestros caidos. Imperios sin ley. Barbarie sin causa. Esqueletos de esperanza arrebatada, lloran escombros sobre la calle. Sombras parasitan la sombra. Violencia visual. Violencia dulce. Paisaje dulce, profundo. Tristeza visual, solemne. Concreto y metal se extiende  sobre agua corrupta. La noche me traga, te traga, lo traga, nos traga, los traga... Y el mundo termina por hoy.

Haiku 1

Alas abiertas, sombra infinita vuela y se evapora.

Monserrat - 3 A.M.

La luna llora su cielo de plata hirviente de hastío sobre los postes que alumbran la noche del alma. Triste y solitaria niebla que recorre el camino de la noche urbana y se pierde en el vacío y la inmensidad de los pasos a la nada por la nada. Ratón solitario se escabulle. El estruendo del silencio me asalta, y mis pasos se pierden y se van.

Odisea de ida

Se avispaba el navegante, presto a la aventura. Levanta las anclas de su primavera, hechas de flores cortadas que él mismo podó de su vida, repleta de nada, y zarpa a ese horizonte en busca de una costa para morir sintiendo la tierra en sus pies. En silencio espera que su tripulación ruinosa y en toda su miseria lo lleven a aquella tierra, ese nuevo mundo igual y diferente. Repleto de todo lo que la nada ocupa. Al horizonte, tormenta. Atrás, nubarrones. La noche cae, estrellas ausentes. El navegante perplejo se guía por su instinto mientras la tripulación miserable planea el regreso. Hoy sigue su periplo, con ese destino errante en busca de alguna aventura ese insólito navegante. La noche sigue. Las nubes, quietas. Las estrellas, ausentes. Nadie sabe hasta cuando continuará, no sabe que navega en paralelo a su costa.

El Trueque de los Principios ó Mercado Absoluto

¿Qué es la vida, aquello tan mágico que pasa volando y que nos cuesta subirnos? ¿Será aquello que puede hacernos reír a tal punto que nos salgan lágrimas y nos ahoguemos en llanto? ¿Cuál será su sentido, enigmático misterio, oculto en las profundidades más inocentes de nuestra alma? ¿Serán la Vida los recuerdos más apreciados, por sí mismo y todo aquel que le haya hecho un espacio en su memoria? ¿No sentís que su paso es tan lento y constante que, cuando te distraes, queda sólo su fantasma? Mientras sea utilizada, nada importa. Todo se tira. Todo se vende.

Manos de Azufre (Música)

Saliendo de la falsedad de mi infierno cotidiano la odisea del regreso comienza frente a las puertas del subte. Veo, pero no veo. Oigo, pero no oigo. No al menos lo que me rodea, pero si lo real. ¿Qué es más real que esa caricia de azufre que alivia las tensiones más profundas de nuestro ser? Esa mano tan cálida que nos deja el alma encendida hasta hacerla arder mientras nos congela la sangre. Esa sustancia tan pura, tan inocente y tan atrevida que se rompe al contacto con lo que vemos y pensamos. Es tan pura que incluso se rompe con ella misma. Inmerso en aquel infierno, aún con cabeza de oficina, me desvanezco en la música que se ha apoderado de mi alma.

Cono de Sombra

Gris, es tanto el gris... Ese es el color de mi mundo. Yo mismo lo construí, ladrillo por ladrillo, injuria por injuria, pensamiento por pensamiento. La sombra de mis monumentos me opacaba. Oh, la brisa sobre mi piel, ahora de reptil, que serpentea por los médanos de mi opresión. Un barrio me asalta, otro lo asalto yo, soy el rey de esta ciudad imaginaria que ha perdido el buen visto de Dios. Dios, ¿qué he hecho? ¿Construí demasiado alto? Ahora me siento opacado por la sombra de mis monumentos. Mi piel de reptil se seca, anhelando el sol cálido del otoño de mis días. ¿Ha servido de algo tanto mal? ¿Me ha servido de algo tanto bien? Estoy por morir y pienso si mis monumentos perdurarán bajo el sol de mi mundo gris.

"Si Evita viviera" ó "16 de agosto"

"Si Evita viviera...", pensaron. Un típico comentario. Otras agregaron cosas, regalando al rincón de la cocina el lugar de la mujer  que ocupa el hombre en la vida. ¿Se habrán olvidado los honores de las mujeres de su talla? ¿O será que desprecian a todo su género por haber alcanzado el lugar prohibido? Tan soñado, tan negado... "Si Evita viviera...", pensaron. Sólo un comentario.