Lo que relataré a continuación sucedió hace dos noches, cuando estaba recostado en mi cama a punto de dormir. En mi cabeza se disputaban dos fuerzas: por un lado, el sueño con sus ejércitos de endorfinas intentaba apoderarse de mi cerebro en un intento desesperado, y por el otro mi pobre voluntad resistía en la meninge (quiero decir, las murallas) defendiendo mi firme pensamiento. Y mi pensamiento era "¡Quiero seguir escribiendo!" Así, esta batalla sin sentido duró cerca de 15 angustiosos minutos. Ambos bandos comenzaron a cansarse, dando lugar al estado de ensueño. Fue entonces que de entre tanta confusión una voz se hizo presente, y dio un mensaje aún más confuso que puso fin a la batalla y declaró la victoria del sueño. El mensaje estaba dirigido a mí, y fue el siguiente: << ¡Hola, Pablo! Nunca me había presentado en esta forma, pero yo sé que vos me reconoces. Yo no te mentiría... bueno... ehhh... En fin, yo soy el que hace posible que vos crees lo que creás, que es...
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