Bien de Ojo

Esa sensación incómodamente amena de que alguien piense en vos o mencione tu nombre, esa sensación de que no se está solo ni de día ni de noche, esa sensación de que nos aman y de que procuramos mantener abierto el corazón, esa sensación de recuerdo ajeno y de suspiro desvanecido en una tarde de septiembre, esa sensación que nos emociona, que nos enriquece, que nos nutre y nos hace crecer con raíces sólidas en un presente perfecto para un pretérito futuro, esa misma  sensación, ahora, es lo que inspira estas lineas, un viernes cualquiera, en el vaho fresco de San Telmo.

Comentarios

Quizás también te interese:

Un poema negro desesperado