Nadie recordaba exactamente desde cuándo la Inmensidad comenzó a existir, ni que tan grande era, ni cómo era. Era sólo eso: inmensidad, misterio al horizonte, un espacio a ser llenado. Tampoco nadie recuerda cuándo comenzó a existir la primera luz ni dónde estaba exactamente, puesto que se creía que la Inmensidad era infinita. Tiempo después, con la aparición de otras luces, debieron descartar esa teoría. La Inmensidad termina y empieza allí donde hay una luz. Pasaba el tiempo, mucho tiempo, y las luces eran cada vez más ocupando un espacio que cada vez era más grande. Apenas habían pasado siete ciclos cuando las luces ya rebotaban unas contra otras buscando un lugar. Donde se pudiese ver había una luz brillando con su color radiante. Un color que, en un principio, era un aura blanca con un característico matiz azul. Tuvieron que pasar otros tres ciclos para que, por la saturación del espacio, las luces cambiasen de color para distinguirse entre sí. Si una luz en un extrem...
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